
Desesperados porque suene el timbre, Ernesto y Miguel cuentan los segundos. Cinco, cuatro, tres….¡ Sonó el timbre!. Corrieron por los pasillos del San Agustín de Concepción, directamente al baño, se lavaron, se arreglaron y partieron al paradero, eran la 13:30 y debían llegar a las 14:00 horas a Talcahuano, el único bus que le daba cierta posibilidad de llegar a la hora era el bus de la base naval. Por fin arriba, empezaron a revisar y deleitarse con la cartelera de esa semana del Dante. Fantástico tres películas: 2 de Bruce Lee y 1 de Jackie Chan, no tenemos idea de quien es este último, pero bueno igual vale, lo mejor de esa aventura , es que dan tres películas al hilo y después viene el rotativo, según nuestros cálculos alcanzamos a ver las tres películas y la primera una vez más, saldremos del cine como a las 10:30 aproximadamente.
Llegamos a Talcahuano, nos bajamos y nos dirigimos al trote a la plaza de armas, donde se encontraba nuestra felicidad. El Dante era una sala de teatro gigantesca, con olor a moho a viejo a rancio, sus murallas carcomidas por la humedad y los hongos y su cortina gigantes que jamás parecen haber conocido un lavado. Generalmente, en la semana no iban muchos cinéfilos al teatro (así le decíamos al cine), nosotros este dúo de fanáticos de Lee éramos los incondicionales del Lunes y el Viernes. Así, el Viernes, realizábamos el mismo ritual del Lunes y aparentemente creábamos un ambiente como que nunca habíamos visto las películas repetidas que íbamos a ver nuevamente.
En la semana de clases, potenciábamos nuestros sueños y locuras infantiles adolescentes, Miguel hacía comic de karate de acuerdo a un guión que inventábamos y luego yo debía ordenar y graficar para darle un aspecto de revista, aquí empezaban nuestras discusiones profesionales ya que siempre existía la tendencia de mi amigo de integrarnos en los comics con nuestros héroes, lo lamentable que el siempre aparecía en el equipo de los buenos y yo era el mono de trapo al que todos daban tremendas palizas, proteste por ser siempre el malo y me negué a realizar mi trabajo, por fin era el bueno, pero nuevamente este chiflado me traiciono, sí era el bueno, pero justo le daban una paliza y el bien perdía. Así nos retábamos a una lucha de karate el cual era un festival de la tontera, puros movimientos y llaves sin tocarse, claro que al final los dos afirmábamos a verle ganado al otro, porque se uso el puño de acero, la garra de águila, la mordida de cobra, etc.
Afortunadamente para nosotros, el cine chino y de karate que inicialmente daban en el Dante, empezó a ser popular en los cines de Concepción, llegaban solo de a dos películas en rotativo a los cines windsor, opera, regina, plaza, lido, los otros como el romano, concepción y el teatro concepción olvídense, jamás. Abandonamos nuestras aventuras al Dante y organizamos nuestros movimientos en estos nuevos cines que estaban a dos o tres cuadras de nosotros, lo terrible fue que nos encontramos que muchas veces las películas eran para mayores de 18, así que nuestras primeras aventuras fueron un fracaso, no nos dejaban entrar, por fin ideamos una idea e íbamos en la semana y le buscábamos conversa al portero, al final nos ubicaba y cuando había más confianza, le pagábamos las entradas a él y con su alto auspicio ingresábamos a ver nuestras películas. Sí, fue nuestra primera experiencia de corrupción, pero en honor a la verdad, bendita corrupción, sino, no habríamos visto jamás las nuevas aventuras de nuestro nuevo ídolo Jackie Chan.
Llegamos a Talcahuano, nos bajamos y nos dirigimos al trote a la plaza de armas, donde se encontraba nuestra felicidad. El Dante era una sala de teatro gigantesca, con olor a moho a viejo a rancio, sus murallas carcomidas por la humedad y los hongos y su cortina gigantes que jamás parecen haber conocido un lavado. Generalmente, en la semana no iban muchos cinéfilos al teatro (así le decíamos al cine), nosotros este dúo de fanáticos de Lee éramos los incondicionales del Lunes y el Viernes. Así, el Viernes, realizábamos el mismo ritual del Lunes y aparentemente creábamos un ambiente como que nunca habíamos visto las películas repetidas que íbamos a ver nuevamente.
En la semana de clases, potenciábamos nuestros sueños y locuras infantiles adolescentes, Miguel hacía comic de karate de acuerdo a un guión que inventábamos y luego yo debía ordenar y graficar para darle un aspecto de revista, aquí empezaban nuestras discusiones profesionales ya que siempre existía la tendencia de mi amigo de integrarnos en los comics con nuestros héroes, lo lamentable que el siempre aparecía en el equipo de los buenos y yo era el mono de trapo al que todos daban tremendas palizas, proteste por ser siempre el malo y me negué a realizar mi trabajo, por fin era el bueno, pero nuevamente este chiflado me traiciono, sí era el bueno, pero justo le daban una paliza y el bien perdía. Así nos retábamos a una lucha de karate el cual era un festival de la tontera, puros movimientos y llaves sin tocarse, claro que al final los dos afirmábamos a verle ganado al otro, porque se uso el puño de acero, la garra de águila, la mordida de cobra, etc.
Afortunadamente para nosotros, el cine chino y de karate que inicialmente daban en el Dante, empezó a ser popular en los cines de Concepción, llegaban solo de a dos películas en rotativo a los cines windsor, opera, regina, plaza, lido, los otros como el romano, concepción y el teatro concepción olvídense, jamás. Abandonamos nuestras aventuras al Dante y organizamos nuestros movimientos en estos nuevos cines que estaban a dos o tres cuadras de nosotros, lo terrible fue que nos encontramos que muchas veces las películas eran para mayores de 18, así que nuestras primeras aventuras fueron un fracaso, no nos dejaban entrar, por fin ideamos una idea e íbamos en la semana y le buscábamos conversa al portero, al final nos ubicaba y cuando había más confianza, le pagábamos las entradas a él y con su alto auspicio ingresábamos a ver nuestras películas. Sí, fue nuestra primera experiencia de corrupción, pero en honor a la verdad, bendita corrupción, sino, no habríamos visto jamás las nuevas aventuras de nuestro nuevo ídolo Jackie Chan.

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