
Estaba un poco emocionado, habían pasado algunos meses sin tener noticias de los míos, así que me aferré fuertemente a la pequeña carta y la leí y releí una y otra vez. En esa carta me contaban que el papa había venido a Chile y que mi hermana y mi papá habían hecho una vigilia en el club hípico de Concepción a la espera del arribo de Juan Pablo II, la carta transmitía emoción y esperanza, a lo mejor esta visita llevaría al país a la luz.
Yo estaba abrigado con mi grueso abrigo y chafska haciendo una larga cola en la plaza roja para ver la tumba de Vladimir, fue impresionante el ingreso, ya que veías a tu alrededor varios guardias observando como linces cada movimiento de los visitantes, al centro iluminado con una luz que envolvía todo su cuerpo estaba durmiendo el prócer, al menos parecía estar en un sueño plácido. La visita fue corta y precisa, observas un par de segundos te grabas la información como el acontecimiento de tu vida, por lo menos para la mía y fuera.
Luego de deambular por los patios del Kremlin y sus hermosas iglesias, decidí caminar a los café, como siempre estaban llenos, igual ingresé y con mi champurreado idioma conseguí un pastelillo y un café, así seguí mi caminata y me imaginaba a mi familia en cálida algarabía.
Me acercaba al rió Moscú cuando vi insólitamente unas personas sobre el hielo, todas en traje de baño lanzándose al río, caramba me dije, y ahí me quede observando un buen rato sus piqueros irracionales, que en realidad era una tradición de bienvenida a la primavera y despedida al invierno. Sin haberme tirado al río, sentí un profundo frío que me hizo dar diente con diente, creo que fue mas psicológico porque de verdad ya no hacia tanto frío, por lo menos eso decían los rusos, lo que para mi en realidad no era ningún referente, ya que 0 grados era frío para mi y 35 y 40 grados bajo cero era frío para ellos, así que en realidad hacia mucho frío. Me fui a una estación del metro y anoté la línea donde me encontraba y seguí la línea azul hasta el final, mientras viajaba pensaba en que sorpresa me deparaba la ultima estación, baje rápido con cierta emoción, subí rápidamente las escaleras y sorpresa, los mismos edificios, calles y señalizaciones de la estación de salida. No, no piensen que estaba en dimensión desconocida en realidad era un defectillo del país, construyen como que el mundo se va acabar por cientos los mismos tipos de edificios departamentos y hasta le colocan la misma pintura, es decir, efectivamente estaba en la ultima estación, aunque pareciera la misma de donde salí. Enrumbe entonces dijo el chillanejo, y me encontré en una plazoleta donde había una novia con su traje blanco y un novio con un terno celeste, no tengo idea de moda, así que me imagino que los colores tienen nombres mas sofisticados, estaban con toda su familia se sacaban fotos en la nieve se besaban y la alegría era colectiva la gente al pasar saludaba y aplaudía, como cuando aquí en Chile se nos ocurre tocarles la bocina del auto, nose si para saludarlos o para despertarlos y que salgan arrancando. En eso mi mirada se cruzó con el novio, no se que me vio que partió me abrazo y llevó un vaso de champaña, me hablaba y hablaba como si me hubiese conocido toda la vida, yo solo sonreía, lo mas probable que el ruso haya pensado compartir con un desdichado hombre y regalarle unos segundos de felicidad al pobre mudo.
Después de la algarabía, de percatarme que la champaña dulzona después de tres copas me había colocado feliz, mire a mi alrededor y vi luces y cielo oscuro, mire mi reloj y definitivamente estaba fuera de horario ya que debía llegar a las 20:00 horas al Konsomol, apuré el tranco, tomé las líneas que correspondían y al llegar ya eran las 10:00, ahí estaba Martita la perivoche y mi jefe de delegación con dos policías muy preocupada, cuando me vio, se acercó a mi y no tengo idea que me dijo, ya que en vez de hablarme en español como siempre lo hacia, me lo dijo todo en ruso y enojada, yo pensaba pobre flaco, por el marido, después se me acercó, me abrazo me beso en la mejilla, me arreglo la ropa, siempre hacia lo mismo conmigo, no se si era manía o yo andaba con la ropa mal puesta y de ahí me acompaño al casino para cenar y para que le contara donde había estado, si era espía no importaba, le miraba sus incendiarios ojos verdes y se lo conté todito y hasta un poquito mas para que me hiciera mas compañía.
Al llegar a mi dormitorio, pensé en mi día de aventura y en como mi hermana y mi papá estarían en Chile enarbolando sus pañuelos blancos para saludar al Papa.

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