
Voy caminado apresuradamente por el corredor, llego a chocar con la puerta de cholguan de la cocina que está toda destartalada, la abro y siento los perfumes del entorno, salgo y me atreviesan los rayos del sol, logro divisar el parrón que es sometido por los mil fulgores del sol, apresuro el paso y por fin llego al rincón del dafne, naranjo, limonero, palto, rosas, cierro mis pequeños ojos y me envuelve, me envuelve, una ola de calidez húmeda de un jardin que explota en colores y aromas. He llegado, he llegado a la casa de mi abuela.

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