sábado, 28 de julio de 2007

La Visitante



Hacía unos meses había llegado de Lebu, para tener su hijo en Chillán. La casa de su suegra era más bien una casona, con 5 dormitorios , comedor, living, galería comedor, una cocina gigante, cuartos traseros y un gran patio con jardines y parrones. Sin lugar a dudas, era una cosa con cierta historia, ya 3 generaciones habían vivido en ella, se contaban historias entretenidas como la del bisabuelo que para el terremoto del 39, en que cayó todo Chillán, incluyendo la manzana completa donde vivía la familia, se salvó quedando debajo de una cama, todos pensaban que estaba muerto, no ,estaba curado hasta la inconciencia, a tal grado que nunca se enteró del terremoto y cuando se recuperó del sueño de baco, preguntaba donde estaba Chillán. También se contaban, otras no tan entretenidas, como la del padre de mi abuela que después de una pelea matrimonial, fue encontrado ahorcado en uno de los cuartos traseros de la casona.

Así pasaron los días, era Diciembre y había que preocuparse de refrescarse, por ello, el paseo por la tarde a la plaza para servirse un helado era casi una rutina, además el mote con huesillos helado y la típica visita a la feria, para Gabriela fue entretenido una o dos semanas luego fue una tortura rutinaria.

Ya tenía 6 ½ meses y había sido hasta el momento un embarazo relativamente bueno, sin mayores complicaciones. Una tarde, se dio la coincidencia que al personal de servicio le correspondía su día libre y los varios miembros de la familia tenían compromisos, incluyendo a la suegra que tenía la costumbre de salir los fines de semana a jugar a los naipes con sus amigas.

Bueno, que se le va hacer, se dijo Gabriela, se encerró en su dormitorio y se puso a devorar un libro como era su costumbre, por una razón inexplicable, estaba desvelada y no lograba conciliar el sueño, de repente se escuchó que se abría una de las puertas interiores y se cerraba, luego unos pasos. Gabriela, salió del dormitorio pensando que su suegra había llegado temprano, se dirigió a la entrada y nada, estaba todo cerrado, pensó que seguramente fue un ruido y se confundió, cuando se regresaba al dormitorio, se escucharon los mismos pasos en la pieza de costuras y además habían prendido la luz, no había duda, sino era la suegra, a lo mejor era alguien del servicio, se encaminó a la pieza y cuando iba llegando comenzó a funcionar la maquina de coser singer, que en esos tiempos eran a pedales y de fierro. Fuerte, tremendo fue su grito, cuando vio la pieza vacía y la máquina trabajando a toda potencia, corrió, se encerró en el dormitorio aterrada, fueron momentos, minutos, horas de terror, sin sueño y con pánico, sin saber a quién llamar ya que los números de teléfonos de la época eran muy limitados y lo más importante, el teléfono estaba en la galería al lado del cuarto de costura.

Como a las cinco de la mañana escuchó la puerta y voces, no salió hasta que se aseguró de reconocer la voz. Señora María, pasó algo terrible, le dijo Gabriela a la suegra, después que esta le explicara detalladamente lo sucedido, la suegra le dijo, no se preocupe mijita, no se altere, calmese, debe haber sido mi abuelita que la vino a visitar, siempre viene cuando está por nacer un nuevo miembro de la familia, está contenta.

Sin más, sin menos y sin que importara la opinión de nadie, Gabriela empacó todas sus cosa y se regresó a Lebu.

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