
Si fue allá por los 90, había congelado los estudios universitarios, así que estaba en plena labor de los sin labor, cesante. Un conocido porque como saben estamos en pitutilandia me ofreció un trabajo de administrador de faena, ni me imaginaba de que se trataba el trabajito, bueno consiste, me dijo , en llevar el control, inventario y organización general de una faena forestal, bien le dije, no creo que tenga mayores dificultades, una vez que vi el papeleo y los procedimientos. El día lunes como a las 5:00 am, se instaló un deschavetado a tocar la bocina en la puerta de mi casa, me levante para gritarle un par de cosas a este imbecil y era él, el conocido de la pega, me había dicho el lunes te paso buscar en la mañana, esta bien, en la mañana pero no a las cinco de la mañana. Como ya me había subido al carro, nada que hacer, partimos.Fue una hora y media de camino a la codillera, primero a Coihueco, de ahí a un pueblito llamado Minas del Prado era el verdadero oeste americano y de ahí, subir y subir, a la montaña, calor, trumao, saltos y saltos, que horrible viaje, al llegar me esperaba una verdadera comitiva, las señora maría la cocinera, la señora Lastenia la panadera, nunca se me olvido el nombre y Juanito el siempre y bien ponderado ayudante de faena, fue hachero o quiso serlo y a los dos día estaba accidentado, se quedo unos días en la faena para recuperarse y se los ganó a todos con su amabilidad y buena voluntad, Juanito se iba a quedar toda la temporada, hasta que al ingenioso se le ocurrió reactivar las brasas del pan con un chorrito de bencina de un bidón, imagínense un verdadero hongo atómico en versión casera, me tocó llevarlo como una momia envuelta a la Chilena de Seguridad, 2 horas de viaje con este cristiano bramando y bramando, fue horrible y aunque llevaba las ventanas abiertas el olor a carne humana chamuscada jamás se me olvidará, pero para terminar el cuento feliz aunque no lo crean se recuperó y quedo bastante bien, uno que otro detalle, pero para lo que fue, nada.
A los días me pasaron a la paloma, una yegua vieja y tranquilita, ya que mi experiencia como jinete solo había sido en caballito de palo, ahí andaba yo, arriba y abajo en las fajas, en los arroyos tomando agua con harina con los viejos, también cuando podía ayudando a familias campesinas que vivían por ahí, cuando partía a Chillán a realizar las compras de la faena para la semana, aprovechaba de llevarle algunas cosillas que me encargaban, no era gran cosa para mí y podía hacerles perfectamente el favor, lo que me trajo sin querer mucho afecto de esas personas me invitaban a comer cazuelitas, esas de las que se habla tanto, pero allá por lo menos, eran puro aceite y ají color , el pollo una cosa dura, incomible, pero que le iba a ser, sonreír y comer, lo rico eran las tortillas, las sopaipillas con ají, por ahí arreglaba la cosa y de repente mataban un chivito, ahí si, la cosa era buena, chivito al palo. En esas andaba yo, cuando la señora Tato y su esposo Vilialdo, me invitaron a comer pescado frito, una tarde, fui más que nada por la novedad, ¿pescado frito?, vamos a ver como está, me dije, y enrumbe con mi paloma a mi destino, la señora tato era bueyera y acomodaba palmo a palmo con su marido las rumas de pino, Vilialdo era motosierrista y hachero junto con la señora Tato, que les puedo decir trabajaba mejor que los hombres y le daba a la pega hasta el fin de semana, cuando andaban todos los viejos chupando, incluyendo su marido. Por fin llegué, el recibimiento cálido como siempre y el famoso pescado frito era una cosa como sardina española tirada al aceite, una cosa espinosa y aceitosa incomible, pero ellos se los devoraban, así que le dí firme a la sopaipilla y a la conversa, así se me paso el tiempo, cuando mire hacia fuera y había estrellas, me levante apresurado y dije y ahora como lo hago. La señora Tato, me dijo, aquí le hacemos un espacio en la cocina, pero no habría podido aguantar tantas horas en esa cocina llena de humo, aguantaba unas horas máximo, después a llenarme los ojos con colirio. No se vaya jefe, me dijo la Tato, ya es muy tarde y a esta hora baja por esto lados el león, me preguntaba interiormente que hacer, pero finalmente decidí irme.
A los días me pasaron a la paloma, una yegua vieja y tranquilita, ya que mi experiencia como jinete solo había sido en caballito de palo, ahí andaba yo, arriba y abajo en las fajas, en los arroyos tomando agua con harina con los viejos, también cuando podía ayudando a familias campesinas que vivían por ahí, cuando partía a Chillán a realizar las compras de la faena para la semana, aprovechaba de llevarle algunas cosillas que me encargaban, no era gran cosa para mí y podía hacerles perfectamente el favor, lo que me trajo sin querer mucho afecto de esas personas me invitaban a comer cazuelitas, esas de las que se habla tanto, pero allá por lo menos, eran puro aceite y ají color , el pollo una cosa dura, incomible, pero que le iba a ser, sonreír y comer, lo rico eran las tortillas, las sopaipillas con ají, por ahí arreglaba la cosa y de repente mataban un chivito, ahí si, la cosa era buena, chivito al palo. En esas andaba yo, cuando la señora Tato y su esposo Vilialdo, me invitaron a comer pescado frito, una tarde, fui más que nada por la novedad, ¿pescado frito?, vamos a ver como está, me dije, y enrumbe con mi paloma a mi destino, la señora tato era bueyera y acomodaba palmo a palmo con su marido las rumas de pino, Vilialdo era motosierrista y hachero junto con la señora Tato, que les puedo decir trabajaba mejor que los hombres y le daba a la pega hasta el fin de semana, cuando andaban todos los viejos chupando, incluyendo su marido. Por fin llegué, el recibimiento cálido como siempre y el famoso pescado frito era una cosa como sardina española tirada al aceite, una cosa espinosa y aceitosa incomible, pero ellos se los devoraban, así que le dí firme a la sopaipilla y a la conversa, así se me paso el tiempo, cuando mire hacia fuera y había estrellas, me levante apresurado y dije y ahora como lo hago. La señora Tato, me dijo, aquí le hacemos un espacio en la cocina, pero no habría podido aguantar tantas horas en esa cocina llena de humo, aguantaba unas horas máximo, después a llenarme los ojos con colirio. No se vaya jefe, me dijo la Tato, ya es muy tarde y a esta hora baja por esto lados el león, me preguntaba interiormente que hacer, pero finalmente decidí irme.
Al despedirme, la Tato me dijo, cualquier cosa, no se suelte y ni se le ocurra tirarse, puchas me dije, esta vieja me cago de miedo, me lo tome con calma y partí tranquilo con mi paloma, un tranco suave y seguro, según la Tato, la paloma se sabía el camino que le diera rienda, llegará solita, a veces me preguntaba, no me estarán agarrando para la tontera y a mis espaldas se mataran de la risa, en eso iba. Cuando mi vieja Paloma, pegó un relincho, paró dos patas donde tuve que agarrarme con todas mis fuerzas y se largo a correr la yegua de mierda como nunca la había visto, yo no veía nada, nada, todo era una boca de lobo, lo único que recordaba era lo que me había dicho la Tato, agárrese firme, la yegua corría y corría parecía que jamás pararía, en ese viaje desatado, me agache y me aferré, pero igual sentía que las ramas y la zarzamora me pasaba por todas partes sentí, mi cara humedad y a mi boca llegó un gustillo que todos conocemos, sangre, creo que ahí sentí miedo pero de verdad, no sabía hacía donde iba la yegua, solo sabía que tenía que agarrarme, para más remate yo sentí la sangre, si andaba el puma, con mayor razón el debió haberla olfateado, fue tal el miedo y la adrenalina me imagino, que yo mismo chicote a la paloma para que corriera más fuerte, no se adonde pero que corriera y rogaba para que fuera verdad lo que me dijo la Tato , que la yegua se sabía el camino al campamento, sin ver nada, sudoroso, con sangre, con miedo, pánico diría yo, divise una luces a lo lejos, el campamento, al rato llegamos con la paloma esta no paró de correr, hasta llegar a la puerta de mi oficina, al llegar me tiré de la yegua, caí al suelo y ahí me quede, tratando de recuperar la respiración y la compostura, ya que estaba en schock de pánico. La señora María, me tomó con juanito y me llevaron a mi modulo, mientras me llevaba me dijo, como se le ocurre andar a esta hora, no sabe que anda el león y anda con hambre, agradezca a los santos que la paloma era, vieja y aleona, eso en realidad quiere decir que la yegua había tenido una experiencia anterior con un puma y nunca se le olvido su olor, por ello se les llama aleona, cuando al sentir la presencia del león huyen sin parar, de no ser así y hubiese sido un caballo joven, me dijo, ahora no estaría aquí, se lo estará sirviendo el león, creo que ahí se me doblaron las piernas poco me acuerdo, me llevaron a mi cama, cerré con mil trancas el módulo y dormí a saltos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario